La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que los recién nacidos sienten dolor y malestar y pueden experimentar angustia emocional, especialmente cuando están separados de sus familias en las primeras horas de vida. El tratamiento del dolor y el cuidado del confort es un estándar de atención de la OMS (ver Estándares en "Fuente")
El dolor en los recién nacidos afecta el neurodesarrollo, con posibles efectos a corto y a largo plazo.
Con cada episodio agudo de dolor se alteran las funciones vitales, aumentan la frecuencia cardíaca y respiratoria, la presión arterial y ocurren hipoxia, hiper o hipocapnia y cambios en la presión intracerebral, con riesgo de hemorragia intraventricular y posterior leucomalacia periventricular.
A largo plazo pueden ocurrir alteraciones en el desarrollo cognitivo y el aprendizaje e hipersensibilidad aumentada y prolongada.
Por todas estas causas, les estándares de atención de la OMS sostienen que:
- El equipo de salud debe evaluar y reconocer las señales de dolor y prevenir y minimizar los estímulos que lo causan.
- La sacarosa (sucrosa) oral puede ser de utilidad en procedimientos potencialmente dolorosos. En recién nacidos más enfermos pueden ser necesarios analgésicos con un seguimiento adecuado.
- Las experiencias con los cuidadores, el apego, el contacto piel a piel y la lactancia pueden tener un impacto significativo y duradero en la salud y el bienestar de los recién nacidos a lo largo de su vida.
Evaluar a todos los recién nacidos pequeños y enfermos rutinariamente para el dolor o los síntomas de angustia y recibir atención adecuada según las Guías y Recomendaciones de la OMS son un estándar de atención de calidad.