Los recién nacidos prematuros tienen alto riesgo de sufrir anemia y requerir transfusiones sanguíneas debido a la interrupción del transporte placentario de hierro y su acreción, la eritropoyesis fetal insuficiente (por producción reducida y catabolismo acelerado de la eritropoyetina), crecimiento neonatal acelerado, pérdida de glóbulos rojos por infección, sangrado y extracciones frecuentes de sangre para pruebas de laboratorio. Además, pueden transitar hemólisis por eritroblastosis fetal por isoinmunización Rh o incompatibilidad de grupo sanguíneo.
Para la administración segura de transfusiones sanguíneas, los estándares de atención de la Organización Mundial de la Salud señalan que se debe tener en consideración que:
- La sangre debe ser lo más fresca posible, irradiada y negativa para citomegalovirus y calentarse para la administración
- El recién nacido debe ser evaluado para reacciones transfusionales y tratado si así lo requiere
- Los volúmenes y velocidades de administración de sangre deben ser estrictamente controlados y administrados a través de buretas, bombas de infusión y vías intravenosas adecuadas para evitar la sobrecarga de líquidos.
Los recién nacidos prematuros deben ser controlados sistemáticamente para detectar anemia y su necesidad de transfusiones. Estas deben reunir todas las características para su administración segura.